Más que árboles, creamos mundos en miniatura
Hasta ahora hemos hablado mucho de estilos visuales (rectos, inclinados, cascada...) y de escuelas regionales. Pero hay una diferencia filosófica fundamental que separa al Penjing chino del Bonsái japonés tradicional, y es importante entenderla para apreciar realmente lo que tenemos en nuestras mesas de interior.
Mientras que el Bonsái japonés se centra a menudo en la perfección del individuo (un solo árbol que representa la esencia de su especie), el Penjing chino se centra en la narrativa del entorno. No se trata solo de cultivar un árbol, sino de recrear una escena, un sentimiento o un paisaje completo. En China, el Penjing se divide tradicionalmente en tres grandes categorías de composición:
Este es el más parecido al bonsái japonés clásico. Se centra en uno o varios árboles como protagonistas principales. Sin embargo, incluso aquí, la filosofía china tiende a ser más naturalista y menos "escultórica".
Aquí los árboles pasan a un segundo plano o desaparecen por completo. El protagonista es la roca. Este estilo busca recrear paisajes montañosos majestuosos, acantilados y valles usando piedras de diferentes texturas y colores.
En la cultura china, las rocas representan los huesos de la tierra y la eternidad. Un Shanshui bien logrado debe evocar la inmensidad de las montañas Huangshan o los picos de Guilin. El agua se representa mediante el espacio vacío de la bandeja o el uso de espejos y materiales reflectantes.
Es la combinación perfecta de los dos anteriores. En una misma bandeja, conviven zonas de tierra (donde crecen los árboles) y zonas de agua o espacio vacío que representan ríos, lagos o mares. Es el estilo más narrativo y complejo.
Porque en el Shìnèi Pénjǐng (nuestro penjing de interior), tenemos la libertad de mezclar estas filosofías. Podemos tener un Ficus trabajado al estilo Shumu, pero colocarlo sobre una roca interesante para darle ese toque Shanshui, o usar una bandeja larga para sugerir un río (Shuihan).
Entender que no estamos obligados a seguir la regla del "único árbol perfecto" nos libera. Nos permite jugar con el musgo, con las piedras que encontramos en nuestros paseos y con la disposición de los elementos para crear pequeñas escenas que nos transporten, aunque sea por un momento, fuera de nuestras cuatro paredes.
Mientras que el bonsái japonés nos enseña disciplina y forma, el penjing chino nos enseña imaginación y narrativa. Ambas son necesarias. En nuestros próximos artículos, veremos cómo aplicar estos conceptos de composición en espacios reducidos, porque incluso en una pequeña mesa de salón, cabe un mundo entero, siempre que no tengas una gatita de compañera.