La revelación del Dharmakaya y el nirvana como medio hábil
El Rujing Pin (Capítulo de la Duración de la Vida del Tathagata), conocido comúnmente como el Sutra del Buda de la Vida Eterna, constituye el decimosexto capítulo del Saddharma Puṇḍarīka Sūtra (Sutra del Loto). Para muchas escuelas, especialmente la Nichiren y la Tiantai, este capítulo es el corazón mismo de toda la enseñanza de Śākyamuni. Es aquí donde el Buda histórico rompe el velo de su apariencia humana para revelar su verdadera identidad cósmica.
Hasta este punto en el sutra, los discípulos han visto a Śākyamuni como un príncipe que renunció al mundo, alcanzó la iluminación bajo el árbol Bodhi a los 35 años y entró en el Parinirvana a los 80. Sin embargo, en este capítulo, el Buda declara que esa narrativa fue solo un medio hábil (upaya). En realidad, él alcanzó la iluminación hace incontables eones, "mil billones de nayutas de kalpas", y nunca ha dejado de enseñar el Dharma en innumerables mundos simultáneamente.
Esta declaración transforma radicalmente la cosmología budista. Śākyamuni no es solo un maestro humano que vivió y murió, sino la manifestación temporal del Dharmakaya, el cuerpo de la verdad misma. Su vida no tiene principio ni fin. Lo que llamamos "nacimiento" y "muerte" son simplemente apariciones y desapariciones pedagógicas diseñadas para despertar a los seres sensibles. Si el Buda permaneciera visible eternamente, los seres de capacidades inferiores se volverían complacientes y dejarían de valorar la rareza del encuentro con el Dharma.
Para ilustrar por qué oculta su presencia eterna, el Buda cuenta la famosa parábola del médico hábil. Un médico regresa a casa tras un largo viaje y encuentra a sus hijos envenenados por error. Algunos conservan la claridad mental y toman el antídoto inmediatamente; otros, con la mente trastornada por el veneno, se niegan a tomarlo. Desesperado, el padre finge su propia muerte y envía un mensajero para anunciarla. Al creer que su protector ha muerto, los hijos sufren tal dolor que recuperan la cordura y toman la medicina, salvándose así.
De igual manera, el Buda dice: "Si permaneciera mucho tiempo en el mundo, los hombres de virtudes escasas... se acostumbrarían a mí y caerían en la arrogancia. Por eso, mediante medios hábiles, muestro que entro en el Nirvana". El Nirvana no es una extinción final, sino una herramienta compasiva para mantener viva la urgencia espiritual de los discípulos.
Para el budista moderno, esta enseñanza ofrece una perspectiva liberadora frente al miedo a la muerte y al sentimiento de abandono divino. No necesitamos esperar a un mesías futuro ni lamentar la ausencia histórica del Buda. La iluminación es una realidad viva y accesible en cada instante. La práctica deja de ser un intento de alcanzar algo lejano para convertirse en sintonizar con una presencia que ya nos sostiene. Como dijo Daisaku Ikeda, líder de la Soka Gakkai: "La vida del Buda es la vida del universo mismo".